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¿Por qué es tan difícil aplicar la empatía?

Una de las habilidades más demandadas por los Departamentos de Recursos Humanos hoy en día y en general en la vida misma es la empatía. Todos podemos presumir que esa habilidad  se encuentra dentro de nuestra mochila pero a la hora de la verdad, pocos la aplican. ¿Se trata de una habilidad puramente personal o es un valor característico implícito en una persona?

 Las circunstancias que nos rodean

Cuando queremos encontrar a alguien empático, las cosas no son tan sencillas. En un mundo donde prima el preocuparse por uno mismo, saldar deudas personales y sobrevivir de cualquier manera a las circunstancias, la dificultad de encontrar personas que se preocupen por los demás aumenta.

¿Por qué es importante la empatía?

La empatía es una de las habilidades personales más demandadas para mandos intermedios y directivos. No quiere decir que no se aplique al resto de empleados que conforman la organización, pero suele ser una característica esencial si nuestra tarea es tener un equipo de personas a nuestro cargo. ¿Por qué? Porque entender a nuestros empleados es clave para tomar decisiones que ayuden al personal y permitan la consecución de objetivos.

Saliendo del ámbito empresarial, la empatía es una cualidad personal actual, es decir, está presente. Las relaciones humanas están llenas de distintos tipos de circunstancias que nos hacen reaccionar frente a los demás.

Vale que podemos tener un mal día y no ser capaces de ayudar al otro con sus problemas porque por la cabeza nos ronda por otros lares, pero a lo mejor somos nosotros los que mañana necesitamos que nos tiendan una mano o nos presten un hombro para llorar.

Sí, sí, todo aquél que presume que es fuerte y que no necesita a nadie para que le resuelva sus problemas, está muy pero que muy equivocado. En ocasiones, las circunstancias nos sacuden y la cabeza no nos da para pensar y poder aplicar la solución más efectiva.

La confrontación de sentimientos

Seguro que más de una vez os habéis encontrado con esa situación llamada “quiero y no puedo”, intentáis por todos los medios tomar decisiones para calmar las aguas o simplemente mantener relaciones cordiales con tal de no discutir. Probablemente también habréis intentado “poneros en los zapatos del otro” y ha sido una guerra perdida… Querer sentir que puedes cambiar tu forma de ver las cosas y rendirte porque no te sientes capaz. ¿Por qué no volverlo a intentar?

Llámalo beneficio, lo es

Conseguir ser una persona empática no es tarea fácil, pero tampoco es lo más complicado del mundo. Ser capaz de tenerse paciencia a uno mismo y también a la otra persona que tienes al lado, por muy difícil que te parezca. Seguro que leyendo este artículo se te viene a la cabeza esa persona con la que eres incapaz de cuadrar, de ser empático por muchas ganas que le pongas… No te rindas, es posible.

¿Qué ocurre cuando quiero aplicar la empatía y la respuesta que recibo es negativa? Cuando intentamos mejorar y potenciar nuestras habilidades, en ocasiones nos encontramos con piedras que no nos ayudan en la consecución del objetivo marcado y es ahí cuando decidimos abandonar la trayectoria aunque las cosas se estén haciendo bien.

Mientras que recorres el camino de la empatía, aunque los resultados que recibas no sean los que esperas, habrás sido capaz de trabajar la conectividad social, el ser capaces de ver las cosas con objetividad, mejora la comunicación y ayuda en tu propia toma de decisiones incidiendo directamente en tu autoestima, trabajando tu capacidad de autocontrol y tolerancia al fracaso.

Yo quiero ser empático ¿puedo?

Por supuesto que sí. Como comentábamos al inicio, la empatía es una habilidad que se puede desarrollar desde el inicio, tan solo hay que proponérselo. Sucede que, por forma de ser algunas personas tienen esa capacidad y es innato, pero otras necesitan trabajarlo de forma eficiente para conseguir un resultado fructífero. ¿Cómo podemos hacerlo?

Lo primero que debemos hacer es abandonar esa tendencia de juicio final que solemos tener cuando alguien nos cuenta algo que contraria a nuestra forma de pensar. Escuchar atentamente y con interés algo que una persona nos transmite es importante, pese a que nuestra opinión sea diferente, dicen que en la variedad está el gusto ¿no? Para ser empático no debemos quedarnos en la consolación del otro sino en intentar encontrar una solución que pueda ayudar, nunca imponiendo ni haciendo ver que el otro está equivocado. También es importante practicar la tolerancia, puede que esta conversación no se desarrolle de la forma más pacífica del mundo, pero colocarse a la altura de las circunstancias del otro, tampoco te va a ayudar. Fuera el “yoísmo”, el yo lo haría así, yo lo veo así y tú te equivocas.

Cuando las cargas emocionales son tan altas, es muy necesario que el interlocutor cuente con un apoyo, una respuesta o un hombro donde llorar esos problemas que se tienen. Pero eso sí, trabajar la empatía ha de contar con un factor muy importante, que es conocernos a nosotros mismos, saber dónde está nuestro límite y ser capaces de entender circunstancias externas que, pese a que para nosotros parezcan sin importancia, para otros podemos ser la llave de su desbloqueo.

Prueba, practícalo. Ser empático no es difícil, tan solo es cuestión de proponérselo, de trabajar nuestras habilidades y de comprender que la resolución de problemas no solo es importante para nosotros mismos, sino también para ser facilitadores de la vida de los demás.

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